Bienvenidos al club del descontento. Aquí se revelan inquietudes, de toda disciplina y condición. Ya sean divinas o humanas, para regodeo de todo espectador que desee sumergirse en tan tupidas letras, bien del rebaño o egregio cual maverick.






11 de marzo de 2010

Aburre tanto aburrimiento

Es interesante reflexionar sobre los que se aburren. Cada vez oigo decir a más gente y con mayor frecuencia eso de "me aburro". Si el cogito ergo sum* se manifestara, muchos aburridos desaparecerían espontáneamente. Menuda falta de creatividad, de imaginación, de análisis, de disfrute de las cosas. Antes, los niños se divertían jugando con barro, palos, muñecos; se imaginaban batallones de piedras en su jardín y veían las balas, saliendo entre humo de la pólvora de los fusiles de avancarga, desgarrando la piel de un canto que acabaría hecho añicos, por poner un ejemplo. Luego, esos niños -con esa imaginación-, si no tenían cargas familiares y se lo podían permitir, iban a la Universidad. Allí analizaban la Sociedad, desde la política hasta los gestos y la constitución de las personas. Charlaban, tomaban té, observaban, escuchaban. Y para discutir, había calidad en el mensaje, con un juicio crítico conociendo bien lo existente y armados del poder de la palabra, cultivando la oralidad. Con este modus vivendi no había tiempo para aburrirse. Hoy, si uno encuentra con quién discutir, que se dé con un canto en los dientes. Y por pedir, que se discuta de las cosas que importan -no es por despreciar lo mundano, que tiene su encanto-, pero eso por pedir, que estamos en España. Asín que, el que sea como los de antes, que no se deje contagiar por el aburrimiento de los aburridos. Y los aburridos, que se aburran.

¿Hay un delito mayor que perder el tiempo?. Thomas Tusser

*de Renè Descartes: pienso, luego existo.

2 comentarios:

  1. Tanto dibujito en los libros... ¡imaginar es lo que hace falta!.

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  2. Jiddu Krishnamurti y las Organizaciones;

    Quizás recuerden ustedes la historia de cómo el diablo y un amigo suyo estaban paseando por la calle cuando vieron delante de ellos a un hombre que levantaba algo del suelo y, después de mirarlo, se lo guardaba en el bolsillo. El amigo preguntó al diablo:

    “¿Qué recogió ese hombre?” “Recogió un trozo de la Verdad”, contestó el diablo. “Ese es muy mal negocio para ti, entonces”, dijo su amigo. “Oh, no, en absoluto”, replicó el diablo, “voy a dejar que la organice”.

    Yo sostengo que la Verdad es una tierra sin caminos, y no es posible acercarse a ella por ningún sendero, por ninguna religión, por ninguna secta. Ese es mi punto de vista y me adhiero a él absoluta e incondicionalmente. La Verdad, al ser ilimitada, incondicionada, inabordable por ningún camino, no puede ser organizada; ni puede formarse organización alguna para conducir o forzar a la gente a lo largo de algún sendero en particular. Si desde el principio entienden eso, entonces verán cuan imposible es organizar una creencia. Una creencia es un asunto puramente individual, y no pueden ni deben organizarla. Si lo hacen, se torna en algo muerto, cristalizado; se convierte en un credo, una secta, una religión que ha de imponerse a los demás. Esto es lo que todo el mundo trata de hacer. La Verdad se empequeñece y se transforma en un juguete para los débiles, para los que están sólo momentáneamente descontentos. La Verdad no puede rebajarse, es más bien el individuo quien debe hacer el esfuerzo de elevarse hacia ella.

    Ustedes no pueden traer la cumbre de la montaña al valle. Si quieren llegar a la cima de la montaña, tienen que atravesar el valle y trepar por las cuestas sin temor a los peligrosos precipicios. Tienen que ascender hacia la Verdad, esta no puede “descender” ni organizarse para ustedes. El interés en las ideas es sostenido principalmente por las organizaciones, pero las organizaciones sólo despiertan el interés desde afuera. El interés que no nace del amor a la Verdad por sí misma, sino que es despertado por una organización, no tiene valor alguno. La organización se convierte en una estructura dentro de la cual sus miembros pueden encajar convenientemente. Ellos no se esfuerzan más por alcanzar la Verdad o la cumbre de la montaña, sino que más bien tallan para sí mismos un nicho conveniente donde se colocan, o dejan que la organización los coloque, y consideran que, debido a eso, la organización ha de conducirlos hacia la Verdad.

    Fragmento del discurso de disolución de la La Orden de la Estrella de Oriente. (2 de Agosto de 1929)
    http://seaunaluzparaustedmismo.blogspot.com/

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