En España están asaltando constantemente al ojo del viandante noticias sobre corrupción política. No digo numerosísimos casos porque el tener uno ya sería sobrarse. Sin embargo parece que todos los sectores de la política -esa herramienta que le sirve al hombre posmoderno para organizar su convivencia y defender o atacar sin herir- están podridos, en estado de putrefacción o con fecha de caducidad. Personalizaré: más que los sectores son los hombres los que están podridos. Pero, como podría decir Confucio, es un buen momento para examinarnos a nosotros mismos. Aparte de tener una cultura de pícaros en España, me llama la atención la presencia de la "moral" por todas partes. El interés político más importante que veo es el corresponder a unos valores que conforman al partido de derechas o de izquierdas. Esos valores forman parte de la "integridad" y solidez políticas. Yo tengo muy claro que hace falta una Revolución, sentimiento puro para cambiar un modelo que está matando gente. En este punto se pierde uno de los fundamentos de la política como herramienta para evitar muertes. Los partidos políticos en España -y muchas personas- ven necesario seguir un modelo de conducta basado en una moral inventada por el poder del enternecimiento, una transmisión tautológica de valores basados en la estética. Veo el conato de Revolución maravillosa del 15-M como la externalización de un servicio que lo público no puede hacer por sí mismo. Empezó bien, si, pero acabó por ser lo mismo de forma distinta: repetimos los mismos procesos burocráticos para suplir un servicio que en forma y tiempo no puede hacer la Administración. Así, en lugar de crear una revuelta que haga a las personas representantes del modelo constitucional plantearse sus propias bases, creamos un amasijo de personas que se desahogan ordenadamente pidiendo al amo lo que el amo siendo amo no dará nunca. La Revolución la tenemos que hacer todos juntos, pretendemos encargar a una ONG que la haga por nosotros para no ver la sangre ni las porras de la policía.La naturaleza de lo que estamos pidiendo nos obliga a aplicar los valores que la naturaleza nos ha dado, no los que nos dan los políticos. Esa naturaleza enseña Justicia no a través de la moral sino de lo que ven los ojos. Los ojos que enseñaron a nuestros ancestros a oponerse con pasión y valor ante aquello que consideraban injusto.
"Pienso morirme sin ponerme un condón". Manuel Fraga
Bienvenidos al club del descontento. Aquí se revelan inquietudes, de toda disciplina y condición. Ya sean divinas o humanas, para regodeo de todo espectador que desee sumergirse en tan tupidas letras, bien del rebaño o egregio cual maverick.
12 de marzo de 2013
29 de enero de 2013
Si ya lo decía Lincoln...
"The dogmas of the quiet past are inadequate to the stormy present. The occasion is piled high with difficulty, and we might rise with the occasion. As our case is new, so we must think anew and act anew. We must disenthrall ourselves, and then we shall save our country."
Annual Message to Congress, December 1, 1862 . Abraham Lincoln.
"Los dogmas del pasado silencioso son inadecuados para el tempestuoso presente. La ocasión está llena de dificultades y debemos crecer con las circunstancias. Como nuestra circunstancia es nueva, entonces debemos pensar nuevo y actuar nuevo. Debemos desencantarnos nosotros mismos y así podremos salvar nuestro país."
Reunión Anual del Congreso, 1 de Diciembre 1862. Abraham Lincoln.
Annual Message to Congress, December 1, 1862 . Abraham Lincoln.
"Los dogmas del pasado silencioso son inadecuados para el tempestuoso presente. La ocasión está llena de dificultades y debemos crecer con las circunstancias. Como nuestra circunstancia es nueva, entonces debemos pensar nuevo y actuar nuevo. Debemos desencantarnos nosotros mismos y así podremos salvar nuestro país."
Reunión Anual del Congreso, 1 de Diciembre 1862. Abraham Lincoln.
20 de enero de 2013
Esperanza inmisericorde
Paseo por Madrid y veo personas muertas de hambre. Ahora hay muchas personas, niños que están sufriendo la inmisericordia del Mundo. Pienso entonces sobre las herramientas que nos ha dado la cultura, la religión, Coca-Cola o el colegio para sortear, en espíritu, estos tormentos. Descubro la esperanza, tan bien conservada gracias a las huestes de melancólicos que se dedican a decir, decir y decir sin pensar. "Ten esperanza", dile eso a alguien que come una vez al día desde hace un año y siempre patatas o macarrones. Si no te parte la cara seguro que te muerde un dedo. En cambio, si le dices "ten desesperanza" quizá te pregunte que qué quieres decir.
La esperanza duele. Vivir esperanzado, escudado en otro vivir, es no vivir plenamente. Uno disfruta de la manzana cuando come la manzana y si pensase en comerme una manzana seguramente me sabría mejor el deseo de comerla. La esperanza crea, además, demasiados deseos que no forman parte de lo que podamos hacer. Como dice André Comte-Sponville en su libro El amor, La soledad "nadie que pueda caminar trata de tener la esperanza de caminar". Así, cuando decimos "ten esperanza" deberíamos decir "ten voluntad", no esperes, haz. Y si no puedes hacer más de lo que estás haciendo -a la mayoría le pasa esto- entonces "ten desesperanza", esto es, no esperes nada y lo que venga, inesperadamente, será una alegría y si no viene, no habrá tristeza ni Dios al que achacar el palo que da la vida cuando a uno le sobra esperanza. Lo mismo sucede en el amor. El amor y las expectativas, el amor y la esperanza de amar. Un amante desesperanzado ama ahora, te ama a ti, no a una idea de ti, no a un estado de ti. Ama lo que ve y conoce, no lo que conocerá o quiere conocer. Animo a todos los que sufren ahora. No puedo ponerme en el lugar de un padre que da a su hijo tres cucharadas de sopa y él toma una, pero sí en el lugar de los que aconsejan a estos padres repitiendo lo que oyeron de alguien que nunca tuvo que pasar hambre.
"Cuando hayas desaprendido a esperar, yo te enseñaré a querer". Séneca
11 de noviembre de 2012
Siempre fuimos pobres
Amaia se ha tirado al vacío en Bilbao. Le iban a ejecutar la hipoteca. Y vendrá alguna Persona más, con sus amores y arrepentimientos, que prefiera desaparecer antes que sufrir sin medida, porque le debe a una cosa -un banco no es una persona- su forma de cobijarse en el mundo de los hombres.
Veo gente paseando por la calle. Un señor tomando café, piernas cruzadas, sin periódico, pantalón de pana. Lame la cuchara tras acabar de un tímido sorbo lo que quedaba de tarde en la cafetería, aquel lugar común que comparten todas las ciudades. Paseantes solitarios o acompañados. Sin leer, sin ir a un sitio, tan solo pasear para tomar el aire, pensar. Creo que nunca he visto a tanta gente hacer esto. Agradezco a la crisis que haya traído, entre tanta crueldad, alguna virtud. Antes no paseabas, uno iba de un sitio a otro. Ir a cenar, a comprar, al cine, a Hacienda, a ver a la abuela, a Paco, a Jesús, a una reunión, a dormir. Me da la sensación de que nos estamos acercando a nuestro corazón, cuando nos habíamos alejado de él quizá movidos por el interés de la razón, del placer que dicta la satisfacción espontánea que permite un logrado sueldo. Veo cada vez más solidaridad y curiosamente tengo cada vez conversaciones más enriquecedoras. Le agradezco a la crisis que me esté enseñado a escuchar. No habrá dinero para comprar todos los días el periódico, ¡mejor!. "No hablemos de política", oigo por ahí, "dime qué tal estás". No solo hay maldad en el cambio: hablar, hablar y pasear, pasear, querer, comer, sentir. Soñar.
A tí, Amaia Egaña.
Veo gente paseando por la calle. Un señor tomando café, piernas cruzadas, sin periódico, pantalón de pana. Lame la cuchara tras acabar de un tímido sorbo lo que quedaba de tarde en la cafetería, aquel lugar común que comparten todas las ciudades. Paseantes solitarios o acompañados. Sin leer, sin ir a un sitio, tan solo pasear para tomar el aire, pensar. Creo que nunca he visto a tanta gente hacer esto. Agradezco a la crisis que haya traído, entre tanta crueldad, alguna virtud. Antes no paseabas, uno iba de un sitio a otro. Ir a cenar, a comprar, al cine, a Hacienda, a ver a la abuela, a Paco, a Jesús, a una reunión, a dormir. Me da la sensación de que nos estamos acercando a nuestro corazón, cuando nos habíamos alejado de él quizá movidos por el interés de la razón, del placer que dicta la satisfacción espontánea que permite un logrado sueldo. Veo cada vez más solidaridad y curiosamente tengo cada vez conversaciones más enriquecedoras. Le agradezco a la crisis que me esté enseñado a escuchar. No habrá dinero para comprar todos los días el periódico, ¡mejor!. "No hablemos de política", oigo por ahí, "dime qué tal estás". No solo hay maldad en el cambio: hablar, hablar y pasear, pasear, querer, comer, sentir. Soñar.
A tí, Amaia Egaña.
2 de septiembre de 2012
El remanso vagabundo
¿Hemos perdido la valentía?. ¿Acaso ya no tenemos valor?. Estamos dormidos, en la cuneta del progreso tecnológico. Vemos pasar la vida, que fluye por nosotros sin darnos cuenta de que nosotros somos la vida misma. Y no tenemos la valentía de coger la vida por el cuello y hacerla siervo de nuestra voluntad. Parece que delegamos la responsabilidad de ser nosotros mismos en otras personas, otras cosas. Y no respetamos que los demás sean como son, porque tenemos tan metido un modelo de comportamiento que en cuanto nos encontramos con alguien auténtico huimos de él. Lo imprevisible está muy mal visto, incomoda. En el juego capitalista el remanso es la herramienta para dominar, no cabe el oleaje ni una tormenta. La inteligencia del buen estudiante se limita a dominar lo rutinario y nos perdemos frente a la crisis, al golpe, a la imprevisión. La crisis económica por la que pasa medio Mundo -el otro medio lleva en crisis toda la vida- es un ejemplo de la podredumbre de los valores de los que manejan los hilos del devenir de los sometidos a una vida que consiste en dejarse llevar plácidamente por el vagabundo remanso capitalista. El que no quiera vivir en el seno de la tranquilidad inoculada, debe ser valiente y tendrá que pelear por ser feliz. Tendrá que enfrentarse a los poderosos clichés e, incluso, a sí mismo. Para mí ser feliz es hacer un buen balance entre lo hecho y lo deseado cuando llega la hora de la verdad en la que a uno se le va el aliento y dibuja una media sonrisa, bajo los pliegues de unas elegantes arrugas -si se da el caso-, rodeado de buenos recuerdos y pocos o ningún arrepentimiento. Puede que cuando uno sea valiente y procure ser fiel a sí mismo, no tenga miedo a la muerte.
"El amor vive en el corazón de los valientes". Anónimo
"El amor vive en el corazón de los valientes". Anónimo
12 de enero de 2012
Pregunta a ese niño
Estamos entretenidos, muy entretenidos con el juego de la "vida adulta". Es curioso que acuñemos términos para designar cosas que no existen ni en el mundo de las ideas. Parece que la vida contemporánea consiste en entretenerse quemando etapas. Etapas inexistentes que tratan de justificar una diversidad que anhela el aburrido y rutinario estilo de vida del trabajador posmoderno. Nuestra conducta refleja una ausencia preocupante de proyectos vitales. Depositamos la responsabilidad de aportar a nuestro corazón la necesitada ansia de sentirnos vivos en un entretenimiento tan inocuo como enredoso, el pasar página, el día siguiente, el nuevo trabajo, finalizar la hipoteca, irnos a vivir juntos, jubilarnos. Parece que confundimos lo que nos ayuda a progresar con el progreso mismo. Aunque para mí, progreso es una de esas palabras que no tiene una realidad en la que cristalice y dudo que progresar sea mudarse a una casa más grande. Pido que cuestionemos lo que hasta nosotros mismos pensamos. Preguntemos a los niños, ellos suelen creer lo que piensan y saben qué les gusta, bueno, a los pocos niños que sus irresponsables padres todavía no les han corregido la espontaneidad.
"La infancia es la patria del hombre". Ángel González
"La infancia es la patria del hombre". Ángel González
19 de noviembre de 2011
Tecnocracia
Es la palabra "felicidad" un arma peligrosa. Ya sea vacía de contenido, huera o cargada de presunciones. En nombre de ella y del "bien" se cometen las mayores fechorías. Y si denominamos a ese bien el "bien común" ya convertimos el concepto en un arma de destrucción masiva. La torpeza radica en que no todos los individuos de la Tierra tienen la misma moral. Esa moral es la que llena el contenido del bien, la felicidad, etc. Todo está dicho: "el bien del espíritu, el espíritu lo habrá de hallar"*. Y los "mercados" quieren que ese bien que buscamos sean cosas, en lugar de lo inmaterial. Quieren una moral universal a su imagen y semejanza, esto es, que tener un Mercedes-Benz sea un éxito tanto en Las Malvinas como en India. Por todos los medios tratan de que la moral capitalista sea cultura. La globalización es una revuelta cultural que trata de uniformizar no sólo el atuendo de trabajo, sino la persona en su raíz. El "bien común", la "felicidad" es una prima de riesgo sostenible, una Bolsa con especulaciones "razonables" y un Gobierno tecnócrata. Roto esto la única solución es amortizar la inversión pública en defensa.
*"Sobre la Felicidad", Séneca.
*"Sobre la Felicidad", Séneca.
Suscribirse a:
Entradas (Atom)