"La ira es el ánimo de devolver un sufrimiento". Séneca
Esta vez, os escribo desde los pliegues de mi corazón, queridos descontentos, pues la ira es hoy, para mí, causa y consecuencia. Consecuencia de una vida, causa de un desaire.
Históricamente, las formas no sólo sirven para halagar, incluso doblegar, sino para respetarse a uno mismo y ,por extensión, a los demás. Hace poco, yo falté al mío y estoy descontento por ello. La rabia, que intenta campar siempre a sus anchas por nuestras arterias, hay que contenerla con la razón, con el sosiego, con el corazón, hasta que, simplemente, no surja. La ira rompe lo que más queremos y devuelve un sufrimiento, sí, pero provoca muchos. Debemos querernos a nosotros mismos y no a través de los demás. Si los demás no nos quieren y nosotros sí, progresamos, si los demás nos quieren y nosotros sí, también; pero si no nos queremos, amamos a nosotros mismos, nunca veremos el amor de los demás. Perderemos entonces las formas, porque surgirá la cólera. Y la cólera no se puede contener, es un perro rabioso que muerde el interior y al resto. Pero se puede expulsar de nuestras concavidades. Hay que tener valor, ser constante, para matar las rabias, para matar nuestra parte mala y eso se hace conservando las formas, compartimentando situaciones en las que se nos ponga a prueba y convertir esa fuerza en amor, progreso, proyectos, apoyo, vitalidad; el tiempo hace el resto. De este modo se cultiva la felicidad. Por mi parte, ayer fui inconstante. Hoy, para intentar arreglarlo, lo que hago es quererme más que ayer. Cuanto más nos queramos, más puro es el amor que regalamos y menos oímos las voces que intentan justificar el desasosiego.
Dedico este post a todos los que han padecido la ira de los demás y, en concreto, la mía.
Bienvenidos al club del descontento. Aquí se revelan inquietudes, de toda disciplina y condición. Ya sean divinas o humanas, para regodeo de todo espectador que desee sumergirse en tan tupidas letras, bien del rebaño o egregio cual maverick.
25 de noviembre de 2010
22 de noviembre de 2010
Cosificación de la vida
Dicen las sentencias de Derecho Penal del Tribunal Supremo español, esto es, la jurisprudencia española en materia penal, que la muerte "es la cosificación de la vida". Y cosificar no es más que hacer de algo una cosa. De este modo, los magistrados con aires de filósofo en paro que disfrutan del buen whisky, postulan que para ellos, la muerte es cuando la vida se hace "cosa". Resulta muy romántico que el cadáver sea una metáfora de la vida. He aquí mi inquietud: las cosas y las personas.
Hace poco que analizo los procesos mentales de las personas. Pues la mayoría de nosotros, cuando queremos hablar de las cosas, pasamos a hablar de las personas, sin darnos ni cuenta. Un ejemplo claro es la política, que es el arte de, precisamente, lo inverso a cosificar: personificar. Las cosas, los actos, llevan al malhechor y ya no hablamos del recién inaugurado tren, sino del "lavado de cara" de tal político. Y esto nos pasa con nuestros amigos, parejas, padres. Un regalo que no ilusiona no es una cosa sin más, sino que se extiende al amigo que lo regala y pasa a ser un amigo que desilusiona. Esto podría llamarse "presunción de maldad". Y la carga de la prueba -el demostrar algo- la tiene el presunto culpable. Hay que explicar que no se hizo a mala idea e incluso, pedir perdón por cometer tan pecaminoso error. Es fácil ver un regalo, sí, saber si a uno le gusta. Pero es complicado ver un esfuerzo, un gesto que oculta cariño sincero, un silencio que no refute lo que queremos oír. Olvidamos estas cosas fácilmente en pos de lo fácilmente visible. Acostumbrémonos a dudar de lo malicioso, a pensar antes de hablar, a aguantarnos y que los minutos se coman la ira que poco a poco, irá desapareciendo. Será solo amor la cosa que sintamos. Hablaremos, entonces, de objetos y de sujetos, pero por separado.
"A veces un no niega más de lo que quería (...) Se dice "no, no iré" y se destejen infinitas tramas tejidas por los síes lentamente". Pedro Salinas
Hace poco que analizo los procesos mentales de las personas. Pues la mayoría de nosotros, cuando queremos hablar de las cosas, pasamos a hablar de las personas, sin darnos ni cuenta. Un ejemplo claro es la política, que es el arte de, precisamente, lo inverso a cosificar: personificar. Las cosas, los actos, llevan al malhechor y ya no hablamos del recién inaugurado tren, sino del "lavado de cara" de tal político. Y esto nos pasa con nuestros amigos, parejas, padres. Un regalo que no ilusiona no es una cosa sin más, sino que se extiende al amigo que lo regala y pasa a ser un amigo que desilusiona. Esto podría llamarse "presunción de maldad". Y la carga de la prueba -el demostrar algo- la tiene el presunto culpable. Hay que explicar que no se hizo a mala idea e incluso, pedir perdón por cometer tan pecaminoso error. Es fácil ver un regalo, sí, saber si a uno le gusta. Pero es complicado ver un esfuerzo, un gesto que oculta cariño sincero, un silencio que no refute lo que queremos oír. Olvidamos estas cosas fácilmente en pos de lo fácilmente visible. Acostumbrémonos a dudar de lo malicioso, a pensar antes de hablar, a aguantarnos y que los minutos se coman la ira que poco a poco, irá desapareciendo. Será solo amor la cosa que sintamos. Hablaremos, entonces, de objetos y de sujetos, pero por separado.
"A veces un no niega más de lo que quería (...) Se dice "no, no iré" y se destejen infinitas tramas tejidas por los síes lentamente". Pedro Salinas
4 de noviembre de 2010
¿Capitalismo o fetichismo?
Es nuestra responsabilidad acabar con el régimen económico vigente. Debemos romper con un modelo de riqueza que fomenta lo peor de nosotros que, como especie, somos capaces de desarrollar. Un niño que prospera en un buen ambiente, tiene muchas posibilidades de crecer sano y ser un hombre recto. Los hombres que hoy manejan las palancas del capitalismo debieron ser niños desdichados, tristes, poco queridos. Y la mayoría de nosotros -y de ellos- continúa siendo niños. La falsa felicidad del fetiche es algo que el capitalismo nos ha enseñado desde pequeños, ha sido nuestro ambiente. Los regalos materiales producen gente que, sin dinero, resulta de por sí desdichada. El que tenga dinero puede comprarse coches de juguete o gominolas hasta que muera. Pero el capitalismo no puede comprar todos los sentimientos, esos que no pueden comerciarse son los que generan mayor daño al propio sistema. Un pobre que no se sienta desdichado es un fracaso para el capitalismo.
El éxito es un invento del siglo veinte. La meritocracia se ha creado para que los vagabundos se sientan frustrados y los "triunfadores" lloren de alegría y chapoteen entre su reconocimiento. En lugar de dejar ese reconocimiento a nuestra conciencia, lo depositamos en otros. Y podremos decir que la culpa fue del capital.
"Quien enseña a un hombre a morir, le enseña a vivir". Montaigne
El éxito es un invento del siglo veinte. La meritocracia se ha creado para que los vagabundos se sientan frustrados y los "triunfadores" lloren de alegría y chapoteen entre su reconocimiento. En lugar de dejar ese reconocimiento a nuestra conciencia, lo depositamos en otros. Y podremos decir que la culpa fue del capital.
"Quien enseña a un hombre a morir, le enseña a vivir". Montaigne
16 de septiembre de 2010
Merecer la corbata
A veces, la consecuencia de nuestros actos pesa más que lo que nos motiva a hacerlos. Olvidamos que la consecuencia es caprichosa y nosotros, falibles. Morir tranquilo, aunque tengamos unos segundos de reflexión antes perder el calor, es una meta difícil para los comportamientos de un mundo donde reina el capitalismo.
Está de moda que las grandes empresas tengan un responsable de cumplimiento (una figura inglesa, el chief compliance officer) que se añade a las comisiones de ética. El otro día leí en el periódico que Mark Hurd, presidente de la multinacional americana, HP, fue destituído por incumplir las disposiciones del código de conducta de la empresa. Es ridículo, pero lo es más que deban institucionalizar la moral en cualquier negocio. Viene mamá y castiga al nene. Ya no sólo se nos trata como niños en los colegios, sino que también en la Universidad y, para colmo, en el trabajo. Una comisión, ni corta ni perezosa, decide despedir al jefe de la mayor empresa tecnológica del mundo por sus intimidades de alcoba. Por muy escandalosas que fueran, intimidad y trabajo no son la misma cosa. Grandes empresarios de "éxito" han sacrificado su tiempo -su vida-, centrando sus esfuerzos en conseguir dinero, fama y reconocimiento. Ahora están divorciados, son alcohólicos o tienen problemas de salud típicos del primer mundo (estrés, cáncer, inestabilidades, alteraciones del sueño...). Sacrificaron pensar en el acto y explotaron sus consecuencias, ¿no creéis?. Con honestidad no se construye una empresa. El honor, la lealtad, el amor, la dignidad o la prudencia no son consecuencias de ningún comportamiento, sino rasgos del carácter. Y como decía Aristóteles, el carácter es el resultado de nuestra conducta. ¿Usted qué piensa?.
Está de moda que las grandes empresas tengan un responsable de cumplimiento (una figura inglesa, el chief compliance officer) que se añade a las comisiones de ética. El otro día leí en el periódico que Mark Hurd, presidente de la multinacional americana, HP, fue destituído por incumplir las disposiciones del código de conducta de la empresa. Es ridículo, pero lo es más que deban institucionalizar la moral en cualquier negocio. Viene mamá y castiga al nene. Ya no sólo se nos trata como niños en los colegios, sino que también en la Universidad y, para colmo, en el trabajo. Una comisión, ni corta ni perezosa, decide despedir al jefe de la mayor empresa tecnológica del mundo por sus intimidades de alcoba. Por muy escandalosas que fueran, intimidad y trabajo no son la misma cosa. Grandes empresarios de "éxito" han sacrificado su tiempo -su vida-, centrando sus esfuerzos en conseguir dinero, fama y reconocimiento. Ahora están divorciados, son alcohólicos o tienen problemas de salud típicos del primer mundo (estrés, cáncer, inestabilidades, alteraciones del sueño...). Sacrificaron pensar en el acto y explotaron sus consecuencias, ¿no creéis?. Con honestidad no se construye una empresa. El honor, la lealtad, el amor, la dignidad o la prudencia no son consecuencias de ningún comportamiento, sino rasgos del carácter. Y como decía Aristóteles, el carácter es el resultado de nuestra conducta. ¿Usted qué piensa?.
16 de agosto de 2010
Adultescentes
Con ocasión del estío, muchas reflexiones pueden asaltar nuestro pensamiento. No sólo por estar de vacaciones y "tener tiempo". En mi caso, pienso sobre los padres y los hijos, que en esta época se dejan ver en multitud de parajes tan cadenciosamente. Y me aterro. Los padres ahora son los niños -más bien adolescentes- y los niños unos déspotas.
Tener hijos forma parte de un proceso de maduración personal que culmina en algo que amedrenta a la mayoría de los que lo están pensando: educar. Y no es fácil. Hay que leer, dejarse aconsejar y ser sumamente disciplinado y meticuloso; las consecuencias pueden ser catastróficas. Los padres que impúdicamente desatienden a sus hijos, parecen no darse cuenta de que están amasando una calamidad en potencia. Cada uno de esos pobres niños forma parte de una generación, una legión de personillas que en un suspiro ocupará altos puestos directivos, cuerpos de Gobierno, funcionariado, fuerzas y cuerpos de seguridad, profesorado, psicólogos que hagan planes pedagógicos... Y con cuatro años son auténticos terroristas, algunos con conductas cuasi delictuales o suicidas (bajar un tobogán corriendo). El Estado ahí debe actuar, protegiendo la fuente de sus recursos: los niños. Debe poner a su disposición un aparato que sirva de tejido protector hasta los catorce años, donde lo ampara la Ley del Menor. Hasta entonces, todo el Sistema fallará con cada niño desprotegido, tenga o no tenga padres, tutores, etc. El "buen padre de familia" que tanto cita el Código civil español, tiene que ser lo general y no lo excepcional en estos tiempos, donde el capitalismo acecha con sus manos intumescentes. A la mayoría de los niños que veo, se les debe proteger de sus padres. Luego no queremos que nuestros hijos adolescentes lleguen tarde a casa, pero cuando tienen cuatro años se les tiene despiertos hasta las tres de la mañana, y lo que es peor: los padres, borrachos.
"La infancia es la patria del hombre". (citado por Ángel González en una entrevista en la que ignoraba su autor)
Tener hijos forma parte de un proceso de maduración personal que culmina en algo que amedrenta a la mayoría de los que lo están pensando: educar. Y no es fácil. Hay que leer, dejarse aconsejar y ser sumamente disciplinado y meticuloso; las consecuencias pueden ser catastróficas. Los padres que impúdicamente desatienden a sus hijos, parecen no darse cuenta de que están amasando una calamidad en potencia. Cada uno de esos pobres niños forma parte de una generación, una legión de personillas que en un suspiro ocupará altos puestos directivos, cuerpos de Gobierno, funcionariado, fuerzas y cuerpos de seguridad, profesorado, psicólogos que hagan planes pedagógicos... Y con cuatro años son auténticos terroristas, algunos con conductas cuasi delictuales o suicidas (bajar un tobogán corriendo). El Estado ahí debe actuar, protegiendo la fuente de sus recursos: los niños. Debe poner a su disposición un aparato que sirva de tejido protector hasta los catorce años, donde lo ampara la Ley del Menor. Hasta entonces, todo el Sistema fallará con cada niño desprotegido, tenga o no tenga padres, tutores, etc. El "buen padre de familia" que tanto cita el Código civil español, tiene que ser lo general y no lo excepcional en estos tiempos, donde el capitalismo acecha con sus manos intumescentes. A la mayoría de los niños que veo, se les debe proteger de sus padres. Luego no queremos que nuestros hijos adolescentes lleguen tarde a casa, pero cuando tienen cuatro años se les tiene despiertos hasta las tres de la mañana, y lo que es peor: los padres, borrachos.
"La infancia es la patria del hombre". (citado por Ángel González en una entrevista en la que ignoraba su autor)
28 de junio de 2010
Desprecio al pensamiento
Manejar el lenguaje con destreza no es un arte, es una necesidad. Somos resultado de lo que decimos y lo que hacemos. Esa correspondencia nos convierte en torpes, mentirosos, virtuosos, agasajadores. El lenguaje y la habilidad nos ha hecho lo que somos (o podemos ser): inteligentes. Por tanto, fomentar el uso habilidoso del cuerpo y desarrollar la capacidad de comunicación nos hará crecer. La Sociedad hace lo contrario. Cada vez más gente se tropieza por la calle y se expresa peor.
Cada palabra intenta acercarse a un pensamiento. Sin embargo, este sistema de acercamiento lastra un problema endémico: falta de exactitud. Ahí es donde uno escoge la manera expresiva que más se acerca a lo que quiere manifestar. Y la imaginación aparece para, por medio de la creatividad, mandar un mensaje. Saber combinar lenguaje, expresión y creatividad es lo que somos para los demás y no es fácil. Y no digo combinar, sino saber combinar. Eso es el arte, el arte como proceso. Este proceso es el que discrimina el oficio y la vocación.
"A los hombres educados en el desprecio hasta el amor les sirve para expresar su odio". Ángel González
Cada palabra intenta acercarse a un pensamiento. Sin embargo, este sistema de acercamiento lastra un problema endémico: falta de exactitud. Ahí es donde uno escoge la manera expresiva que más se acerca a lo que quiere manifestar. Y la imaginación aparece para, por medio de la creatividad, mandar un mensaje. Saber combinar lenguaje, expresión y creatividad es lo que somos para los demás y no es fácil. Y no digo combinar, sino saber combinar. Eso es el arte, el arte como proceso. Este proceso es el que discrimina el oficio y la vocación.
"A los hombres educados en el desprecio hasta el amor les sirve para expresar su odio". Ángel González
11 de junio de 2010
Que este fuego, fatuo sea
Con la llegada de la crisis económica han aflorado, sobre el fondo putrefacto de la Sociedad, viejos y senectos credos que parecían haber bajado ya al sepulcro. Tristemente, la superstición planea, obstinada, sobre nuestras cabezas. En lugar de creer en proyectos vitales propios o tener ciertas ambiciones armónicas con nuestros valores, hay personas que todavía alzan pancartas hablando de "rendirse" ante Dios o compañía. Y la palabra "rendirse" es la razón de ser de este post en el blog. Puedo ser creyente en la fe concordante con el individuo que dijo eso, sí. No obstante, mi Dios -en caso de que lo tenga-, no tiene "más sustancia que la que tengo yo"* y "rendirme" ante él sería errar tanto como si él se rindiera ante mí. Debo admitir que he visto alguna telenovela, donde Francisco Jesús agradece a Dios el hijo que ha tenido con Violeta Jacinta. Y no es más que el amor de estos dos entes lo que ha hecho posible el milagro de la vida. El dolor que soporta Violeta Jacinta al parir no es como para que Fco. Jesús le agradezca a otro su esfuerzo y capacidad de dar vida. Yo me enfrento a dioses cada día -y nada de animismo ni politeísmo- y lo son porque tengo en ellos más fe que en ningún Dios al que pueda temer y amar: la mujer a la que amo y que tan bien me trata, con la que comparto mi tiempo y mi mala leche, mi madre a la que admiro, mis hermanos a los que adoro, mis amigos, que se esfuerzan por mantener el contacto y que este fuego, fatuo sea. Ante ellos y ustedes, lectores, yo sí me rindo.
"El Templo es la vida, la vida es el Templo". Aforismo tántrico
*Del monumento poético "Espacio", de Juan Ramón Jiménez.
"El Templo es la vida, la vida es el Templo". Aforismo tántrico
*Del monumento poético "Espacio", de Juan Ramón Jiménez.
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